La palabra peliadera nació en casa como una invención divertida para describir esas peleas que no son peleas, esas discusiones mínimas que en realidad son parte del amor y la convivencia. Representa la dualidad de personalidades que conviven en Floki y China, un vínculo tan opuesto como inseparable: como el ying y el yang, como los hermanos que chocan, se persiguen, se hacen renegar, pero que no pueden existir uno sin el otro.
El Floki no sería el Floki sin la China. Y la China no sería la China sin el Floki. Esa es la esencia de Peliadera: un vino que celebra esos vínculos imperfectos pero irremplazables, donde la risa, las peleas, las confidencias y la complicidad conviven en un mismo espacio.
El Cabernet Sauvignon fue el varietal elegido porque encarna esa misma intensidad. Un vino con cuerpo, de sabores profundos y persistentes, que se hace sentir en cada sorbo. Como las relaciones que marcan nuestra vida, deja huella y no pasa desapercibido.
Peliadera Cabernet Sauvignon no habla de peleas malas, sino de esas diferencias que enriquecen y fortalecen los lazos. Es un vino para compartir en largas sobremesas, donde hay risas y recuerdos, pero también confesiones, lágrimas y silencios cómplices.
Se acompaña a la perfección con comidas que estén a su altura: carnes rojas a la parrilla, estofados, pastas con salsas intensas o quesos maduros. Platos que, como este vino, tienen carácter y presencia.
En cada copa, Peliadera nos recuerda que los vínculos reales no son perfectos, pero son los que más valoramos. Porque al final del día, lo importante no es no discutir, sino volver a elegirse una y otra vez.
