Desde el primer día que llegué a esta casa, dejé en claro que iba a ser el rey de las travesuras. No me importa mi tamaño ni que me digan "portate bien, Floki", yo vine a este mundo a divertirme. Si algo está a mi alcance, es mío, y si no lo está, hago lo imposible por alcanzarlo.
Para empezar, tengo un talento especial para hacer pis en los lugares menos indicados. El sillón de tela, por ejemplo, es mi lienzo favorito. No importa cuántas veces me bajen o cuántos rezongos reciba, siempre encuentro la forma de dejar mi marca. Lo mismo con las plantas: no entiendo por qué les tienen tanto cariño si claramente están ahí para que yo las destroce. Ni hablar de los trapos de piso de la abuela Chancluda, que parecen hechos especialmente para que los desgarre con mis dientes en mil pedazos.
Otra de mis habilidades es escaparme. Con la China formamos un equipo imbatible en eso. Descubrimos que si cavamos lo suficiente, podemos meternos por debajo de la reja y salir de la casa como dos fugitivos en busca de aventuras. ¿El destino? La casa del vecino, donde correteamos un rato y luego volvemos como si nada hubiera pasado, aunque nos descubren enseguida por la cara de felicidad (y la tierra en las patas).
Pero no todo es exploración y destrozo de plantas, también tengo un gusto refinado por la moda… específicamente por las bombachas de la Chancluda. Sí, he destruido al menos diez, cada una con su respectivo regaño. Pero si las dejan a mi alcance, claramente es una invitación a masticarlas. Lo mismo con los adornos navideños, que cada diciembre aparecen mágicamente en la casa y yo, como buen detective de lo nuevo, me encargo de desarmar uno por uno hasta dejarlos irreconocibles.
Mis diversiones también incluyen morderle las chanclas a la Chancluda (es un misterio para mí por qué se enoja tanto si después igual se las pone), subirme al sillón sin permiso como si fuera un rey en su trono y, por supuesto, molestar a la China. A veces le tiro de las orejas, otras la incito a correr por toda la casa y, cuando me ignora, le doy peliadera. Y no olvidemos mi gran talento para robar zanahorias de la bolsa de verduras, porque no todo en la vida es comida de perro.
Me porto mal, pero soy irresistible
Sé que hago enojar a los Chancludos y que muchas veces escucho mi nombre seguido de un "¡Nooo!", pero al final del día, cuando me miran a los ojos y ven mi carita de angelito, todo se les pasa. Después de todo, soy chiquito, simpático y lleno de amor… aunque de vez en cuando me divierta desordenando un poco el mundo a mi alrededor. 😈🐶
