En cada hogar hay alguien que parece andar siempre con un secreto, alguien que se mueve con sutileza, dejando apenas rastros que despiertan la sospecha. En nuestra familia, esa es China, el alma fuerte y silenciosa de la casa.
La llamamos sospechosa porque, a diferencia de Floki, ella sabe disimular. También se sube al sillón, pero lo hace cuando nadie la ve. Una vez llegó a robarle un pedazo de asado a unos albañiles sin que nadie pudiera detenerla. Esconde pan y galletas bajo su cama, y hasta aprendió a escabullirse por debajo de la reja del patio, persiguiendo siempre la libertad.
Sus travesuras no nacen del simple juego: son la huella de su historia. China fue rescatada, y durante sus primeros seis meses de vida conoció la carencia. Quizás por eso, cuando encuentra comida, la guarda “por las dudas”. Aunque hoy no le falte nada, todavía protege cada oportunidad como un tesoro.
El Sauvignon Blanc fue el varietal perfecto para darle vida. Un vino fresco, ligero y fácil de disfrutar, que esconde detrás de sus aromas un carácter firme, igual que China con su mirada profunda cargada de historia. Su frescura sorprende, porque aunque muchos esperan un blanco suave, Sospechosa tiene la presencia justa para destacar y acompañar grandes momentos.
Es un vino ideal para disfrutar frío, directo de la heladera, junto a pastas, pescados o quesos. Pero más allá de la comida, es un vino para ocasiones especiales al aire libre: una mesa en el patio, el sol acariciando el medio día, y esa complicidad única que se comparte con quienes uno más quiere.
Sospechosa Sauvignon Blanc es un recordatorio de que cada historia tiene secretos, cada mirada guarda un pasado, y que a veces lo más valioso no es lo evidente, sino lo que se descubre al mirar más de cerca.
